> EL MAESTRO HENRY MEJÍA PERAFÁN

Reseña personal

El maestro Henry Mejía Perafán, es oriundo de la muy noble e hidalga ciudad de Popayán, capital del departamento del Cauca República de Colombia, donde mostró desde temprana edad su disposición innata a las artes, especialmente a la pintura. Su nacimiento se sucede en el seno de una familia de músicos, poetas y literatos, lo que influyó considerablemente en su formación. Adelantó estudios en la facultad de artes de la universidad del Cauca, obteniendo el título de maestro en Artes plásticas en el año de 1995, donde brilló por su excelencia académica, dedicación a los estudios y siempre, por estar adelantado en el proceso educativo, pues el estudiante ya era un pintor autodidacta.

Sus primeras exposiciones plásticas se adelantan dentro del marco de la semana santa de Popayán, donde hoy es el artista privilegiado por excelencia y año tras año, pone a consideración de propios y visitantes su obra, logrando un total reconocimiento por la constante evolución de su técnica como por el mensaje pictórico que transmite. Cuenta en su historial profesional, con más de 67 exposiciones a nivel nacional e internacional, posicionándose como uno de los más destacados artistas noveles del momento.

Su obra comporta actitudes subjetivas frente al manera de representar la realidad y sus inquietudes se reflejan en su atracción por el paisaje, en un sistemas de atracciones que recuerdan la mejor época obregoniana con su amplio vigor colorístico y formal; una praxis donde el pintor indaga dentro de si mismo las posibles intensidades creadoras de la imagen. Es la contraposición mediada entre la intuición y la impulsividad que organiza las formas libremente, y el recuerdo de una realidad sensible que se impone desde el mundo exterior como experiencia factual.

En este juego creativo la imagen se llena de signos, de franjas cromáticas, tachones espontáneos, desplazamientos y acentos de la espátula o la brocha, elementos y grafismos gestuales, amplios planos de color, calidades atmosféricas, transiciones entre formas naturales (como especies de peces, flora, ondas acuáticas, cielos, dinamismos luminosos, rocas, cordilleras y hasta vestigios el diseño precolombino) y ficciones de la imaginación. En esencia, la estructura del paisaje pervive a pesar de la abstracción hecha con sus elementos constitutivos, convirtiéndose, así, en reminiscencias alteradas del campo perceptual de los sentidos: las distintas entidades que habitan el paisaje no abandonan su comportamiento como formas topográficas del mismo, pero connotan ambiguas posibilidades de identificación: Se vierten como sintaxis de libre interpretación, y en ello está el riesgo de su libertad, desde su apertura a una sensibilidad que prefiere el color, las veladuras, el tachismo, y los juegos textuales y experimentales como elementos protagónicos y dinámicos del cuadro.

La pintura del maestro es un reto de la emotividad, del movimiento y la quietud de las formas, una práctica para la sensualidad cromática y gestual, una oportunidad para reencontrar huellas sensitivas de nuestro paso experimental por esta tierra en que vivimos; de ahí que las visiones telúricas, arraigadas profundamente a nuestro ser, se redescubran allí, como a través de un espejo onírico de reflejos y transparencias subliminales.

La obra del maestro Mejía Perafán implica compromisos con la calidad del buen oficio, con la capacidad poética de transformar la realidad visible y la manera subjetiva de anotar una visión particular de la libertad expresiva del pintor. Las imágenes son limpias escenas luminosas, lugares donde diversas intensidades atmosféricas y cromáticas nos miran con el lirismo de las luces y las sombras, paisajes posibles para ponderar los límites sin fronteras de lo imaginario.